Search

Feature

Creciendo Juntos

Dos congregaciones caminan más unidas

Las renovaciones comienzan por casa, dijo un líder de la iglesia acerca del último movimiento para reformar la Iglesia Episcopal de cara al siglo XXI. Si ese es el camino, entonces la Rev. Liz Muñoz y el Rev. Peter Siwek son los líderes que hay que seguir.

Ambos son vicarios de dos congregaciones en Logan Square de Chicago, un área de un rápido crecimiento de la clase media alta en el noroeste de la ciudad. Nuestra Señora de las Américas, donde Muñoz se convirtió en vicaria de medio tiempo en abril, es la congregación latina más antigua de la Diócesis Episcopal de Chicago. “Nuestra pequeña congregación”, como la llama Muñoz, se fundó en 1978 como un ministerio de la parroquia de habla inglesa en Church of the Advent, que data de 1901.

La congregación de Nuestra Señora está compuesta de 70 personas, en su mayoría matriarcas y patriarcas, como Muñoz los llama, y sus familias multigeneracionales de origen latino, muchas con raíces en México, Guatemala, Puerto Rico y Colombia. Church of the Advent, actualmente una congregación de 60 personas, incluye tanto a miembros de larga trayectoria en la iglesia como a jóvenes adultos a los que Siwek,
el vicario de tiempo parcial, llama el vecindario “en desarrollo, hipster y culturalmente diverso” de Logan Square. Cerca de doce personas son completamente bilingües, afirma, de modo que mientras Nuestra Señora celebra la eucaristía en español a la 1:30 p.m., Church of the Advent ha realizado la eucaristía tanto en inglés como en español en su servicio de las 10 a.m.

“Comenzamos por entender que la oración es más natural en nuestra lengua materna”, dice Siwek. “Inicialmente, tratamos de que la celebración fuera lo más justa y equitativa posible”, comenta Siwek. “Con el tiempo, se volvió complicado así que nuestro servicio evolucionó junto a nosotros. Hoy, en menor medida, incorporamos español e inglés en el culto, teniendo cuidado de que la gente no se aburra o se confunda. Esa es una de las cosas que más me enorgullecen: preparar la celebración litúrgica de manera tal que en cualquier momento un recién llegado pueda entender lo que está ocurriendo y pueda participar”.

Las dos congregaciones comparten el edificio y los costos de los servicios y el mantenimiento, pero tienen sus propios líderes y prioridades. Nuestra Señora tiene la visión de volverse aún más orientada hacia la familia, cuenta Muñoz, dándole la bienvenida a los latinos de segunda y tercera generación que se consideran a sí mismos como biculturales y cuyo idioma es el inglés. “Ahora tenemos niños, llamados la nueva generación de latinos, que han crecido en la tradición, que aman la liturgia y la música, pero cuyo idioma y problemas son diferentes”, afirma. “Estamos trabajando para hacer que Nuestra Señora sea el lugar al que todas las generaciones puedan llamar su hogar”.

En cambio, Church of the Advent atrae a muchos adultos jóvenes que se sienten motivados por la misión de la congregación pero tienen poca experiencia en la iglesia. “Tenemos muy claro que estamos aquí para las personas que desean experimentar la comunión con Jesús”, asegura Siwek. “Abrazar la historia de Jesús
y darnos cuenta de que tenemos que ayudar a otras personas. Eso es todo”.

Recientemente, las dos congregaciones encontraron terreno fértil para colaborar en su deseo compartido de llegar a la comunidad. El año pasado, comenzaron a albergar el programa Warming Center, un ministerio de la iglesia New Community Covenant Church. Este programa ofrece un lugar para que las personas marginadas y sin hogar puedan protegerse del clima y obtener ayuda, incluyendo ropa, artículos de higiene y referencias a servicios comunitarios.

“Fue bueno tener el Warming Center para que nuestras congregaciones puedan encontrar el modo de colaborar con la comunidad”, asegura Muñoz, y menciona una fiesta para personas sin hogar como un punto de encuentro en la relación. “A menudo, es en esos momentos que mostramos lo mejor de nosotros, en vez de preocuparnos por quién dejó alguna cosa sin hacer en el edificio de la iglesia”.

“En los últimos años, hemos tenido un desarrollo sorprendente de nuestro ministerio para las personas sin hogar”, afirma Siwek. “Nos hemos convertido en una congregación que sale a la calle”.

“No solo servimos a hombres sin hogar, sino que también tenemos a mujeres que vienen con
niños. A veces es una comida extra porque se terminaron las estampillas de comida.”

Muñoz, quien solía ser maestra de escuela primaria antes de asistir al seminario en Texas, ha impulsado la participación de la congregación en la comunidad. Ella es una líder en Arise Chicago, una coalición interreligiosa del clero que fomenta los salarios dignos y la justicia económica, y la Logan Square Ecumenical Alliance, un grupo de clérigos que promueven las viviendas asequibles y con apoyo.

“Tengo un fuerte compromiso con el trabajo de justicia social sobre cuestiones de inmigración y salarios injustos, los cuales afectan a los miembros de la congregación y la comunidad de Logan Square, especialmente a quienes están siendo expulsados por el aburguesamiento”, asegura.

El programa Warming Center se lleva a cabo durante la semana, pero los sábados muchos de sus huéspedes vuelven al edificio compartido de la iglesia para un programa de almuerzo caliente que surgió de un ministerio iniciado a fines de 1970 por Dolores y Zoila Rivera, inmigrantes de Puerto Rico que estuvieron entre los fundadores de Nuestra Señora.

“Cuando comenzaron, solo había inmigrantes de primera generación”, cuenta Yesenia Acosta, nieta de los Rivera y secretaria de la parroquia Nuestra Señora. “Solo había algunas personas que podían hablar los
dos idiomas y manejarse por el sistema público. Ellas brindaron toda la asistencia que podían ofrecer para tener documentos en regla, manejar la documentación de inmigración y completar otras solicitudes”.

Dolores Rivera, veterano del Ejército de EE. UU. y maestro de escuela primaria de las Escuelas Públicas de Chicago, “siempre estaba sirviendo a su país, su escuela, su comunidad”, cuenta Acosta. “No me sorprende que hayan visto esa necesidad de alimentos y quisieran ayudar”.

Cree que la duración del programa se debe a la compasión de los miembros de Nuestra Señora. “Muchas de las personas apenas tienen empleo y tienen dos o tres trabajos. La idea de no tener comida es algo que sensibiliza mucho a nuestra gente. Como saben lo que es tener hambre, no pueden evitar devolver a la comunidad cada vez que pueden, incluso de lo poquito que tienen”.

Aunque los voluntarios de la iglesia Church of the Advent han estado participando en el programa alimentario desde 1996, solo recientemente se convirtió en una verdadera asociación, explica Idida Pérez, quien coordinó el programa durante muchos años.

“No solo servimos a hombres sin hogar, sino que también tenemos a mujeres que vienen con niños”, comenta Pérez. “A veces es una comida extra porque se terminaron las estampillas de comida, o simplemente es gente que busca la oportunidad de sentirse entre amigos durante una comida porque hemos sido bendecidos con excelentes cocineros”.

A fines de este año, equipos de voluntarios de Church of the Advent y Nuestra Señora comenzarán a realizar las comidas en conjunto los quintos sábados. St. Mary’s Episcopal Church en Park Ridge también ayuda a realizar un almuerzo una vez al mes.

Esta exitosa colaboración para la extensión a la comunidad ha alentado a las dos congregaciones a trabajar juntas de otras maneras. En agosto, realizaron conjuntamente una fiesta para los vecinos, en la que Nuestra Señora obtuvo los permisos y aporto los hot dogs y Church of the Advent aportó productos horneados. Las ganancias se utilizaron para reparar el edificio, “lo cual fue una buena oportunidad de mostrarle a la diócesis y a nosotros mismos que podíamos trabajar juntos”, asegura Muñoz.

* * *

La relación entre las dos congregaciones no siempre fue buena. Nuestra Señora fue la primera misión latina de la diócesis, y la estructura de la relación entre la misión y la iglesia Church of the Advent inicialmente no estaba definida. “Siempre hubo una relación de propietario-inquilino”, cuenta Pérez acerca de los primeros días, cuando la congregación latina le pagaba el alquiler a su patrocinador. “Después llegó un nuevo párroco, quien enseñó algo de desarrollo de liderazgo, y Nuestra Señora comenzó a crecer”.

Finalmente, en 2010, Church of the Advent también se convirtió en misión diocesana, cediendo la titularidad de su edificio a un organismo diocesano llamado Obispo y fiduciarios. “Entonces éramos dos misiones que compartían el mismo edificio”, recuerda Pérez, “y de repente teníamos que compartir todo, los servicios, el mantenimiento, hasta la mitad de todos los productos de limpieza y artículos de higiene”.

Compartir los gastos por igual cambió la relación. “Nuestra Señora quería igual respeto por igual responsabilidad”, asegura Pérez, miembro de Nuestra Señora que perteneció a ambas congregaciones en momentos diferentes durante las últimas dos décadas, “pero a la iglesia Church of the Advent le costó ceder ese control”.

En 2009, buscó el asesoramiento de los miembros de la comisión anti-racismo de la diócesis, en la que ahora sirve. Esa reunión dio como resultado un taller dictado por Crossroads Antiracism Organizing & Training, una organización con sede en Chicago con la cual la comisión se asocia frecuentemente. Casi un mes más tarde, las dos congregaciones emprendieron un diálogo con el Rev. Eric Law, un sacerdote episcopal y fundador del Kaleidoscope Institute.

Yo espero que nuestra relación siga creciendo a medida que salimos al mundo para evangelizar y aprender unos de otros”, expresa Muñoz, “somos una visión mucho mejor del reino de Dios cuando nos unimos”.

“Él nos ayudó a escucharnos y a entendernos el uno al otro”, recordó Pérez. “Nos ayudó a ver que Church of the Advent sentía que era como un padre, y no quería que nos cayéramos. Pero dijimos: “necesitamos que nos deje ir y confíe en que, si nos caemos, podrá dejarnos caer así aprendemos por nosotros mismos”. Las cosas empezaron a ir mucho mejor después de eso”.

El año pasado, las congregaciones dieron un paso más en la recon- strucción de la relación al participar juntas en el taller de Chicago Regional Organizing for AntiRacism denominado “Critical Cultural Competency” (Competencia cultural crítica).

“Es uno de los mejores talleres en los que participé”, aseguró Pérez. “Nos ayudó a entender lo diferentes que somos, el modo en que pensa- mos y hacemos las cosas. Hubo muchos momentos graciosos, y la
Rev. Liz y el Rev. Peter fueron excelentes. Fueron unos verdaderos líderes a la hora de hablar o aceptar hacer algo diferente. Eso hizo que las cosas realmente se pusieran en marcha y, desde entonces, ha habido una gran diferencia”.

“Ahora somos una familia en un solo edificio”, relata Acosta.

“No puedo decir que todo se discutió a fondo en ese día, pero sí que comenzó un movimiento. Ahora es más fácil entrar en una habitación y hablar de cosas. Despejó el aire”.

Pérez ya había llegado a confiar en Siwek cuando él dijo que tenía la intención de ayudar a reconciliar a las dos congregaciones. Al principio de su mandato, cuando se propuso transformar el lugar de culto de la iglesia Church of the Advent, insistió en que una gran imagen de Nuestra Señora de Guadalupe debía ser sacada de la esquina oscura en la que estaba metida para colgar sobre el altar en la capilla.

“Esa creo que fue la primera vez que sentimos que había, no sé si una verdadera aceptación, pero sí que el Rev. Peter realmente quería que las cosas funcionaran”, afirma Pérez. “Ahí fue cuando me enamoré de él. Fue tan significativo, y no creo que él se haya dado cuenta de lo significativo que fue. Aquí nuestro nombre es Nuestra Señora, y ella había quedado relegada detrás de una puerta en la oscuridad. Cuando fue movida para colgar sobre el altar en la capilla, eso fue un verdadero punto de inflexión”.

“He estado aquí por más de 20 años”, dice. “Le doy gracias al Señor por habernos comunicado con nuestra diócesis y que ellos nos proporcionaran la ayuda que necesitábamos para aceptar los cambios y ver lo bueno de nuevo”.

Acosta reconoce que la colaboración entre las dos congregaciones finalmente es sólida. “Tenemos nueva valentía en la relación para levan- tarnos y lograr cambios. Servir a la comunidad es uno de los principales factores para poder hacerlo y trabajar juntos. Nuestro amor mutuo por llegar a la comunidad es el modo en que lo estamos haciendo”.

“Yo espero que nuestra relación siga creciendo a medida que salimos al mundo para evangelizar y aprender unos de otros”, expresa Muñoz, “somos una visión mucho mejor del reino de Dios cuando nos unimos”.